La economía social y solidaria (ESS) fomenta el trabajo decente y ofrece una vía de formalización para lxs trabajadorxs en empleo informal. Pero, en la práctica, ¿cómo funciona la formalización del empleo informal a través de las entidades de la ESS? ¿Cómo pueden los Gobiernos impulsar la economía social y solidaria en pro del trabajo decente?

¿Qué es la formalización?

La formalización del empleo se refiere al acceso progresivo a los derechos y las prestaciones asociados a un empleo con plenos derechos, como un nivel mínimo de protección social, cobertura en el derecho del trabajo e ingresos y condiciones laborales justos.

Lxs trabajadorxs en empleo informal y sus organizaciones, que pueden tomar la forma de cooperativas, deben recibir un reconocimiento oficial, que puede darse tanto a nivel individual como colectivo. En el caso de lxs trabajadorxs individuales, el reconocimiento oficial puede materializarse mediante la ampliación de la normativa laboral o las leyes laborales para que incluyan sectores que históricamente han estado excluidos. También puede producirse cuando las políticas sociales, económicas o municipales reconocen y protegen de modo explícito los derechos de lxs trabajadorxs en empleo informal.

En todo el mundo, lxs trabajadorxs en empleo informal enfrentan múltiples obstáculos a la formalización, ya sean estructurales, normativos o económicos, lo que genera que esta transición sea compleja y desigual. La mayoría de lxs vendedorxs ambulantes, por ejemplo, es excluida de los sistemas financieros tradicionales. Gran parte de los bancos se rehúsan a otorgar créditos a estxs trabajadorxs por cuenta propia y los mecanismos convencionales de ahorro no se ajustan a la inestabilidad de sus ingresos. Por otro lado, su capacidad para trabajar de manera efectiva se suele ver afectada por ordenanzas municipales de zonificación, ya que solo se les permite trabajar en áreas que no son adecuadas para ellxs ni para su clientela.

Ciertos instrumentos recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) abordan la multidimensionalidad y la interrelación de las causas de la informalidad. Por ejemplo, la Resolución relativa a la discusión general sobre los medios de abordar la informalidad y promover la transición a la formalidad en pro del trabajo decente describe cuatro pilares considerados requisitos para la transición a la formalidad. Uno de ellos es que se establezca un contexto favorable para acelerar la transición a la formalidad.

¿Cómo pueden los Gobiernos establecer un contexto favorable a la economía social y solidaria?

Este mismo instrumento de la OIT propone medidas que los Gobiernos pueden adoptar para establecer un contexto favorable a la economía social y solidaria. Un ejemplo son las acciones firmes destinadas a reducir la pobreza, promover el trabajo decente, ampliar la protección social y fomentar la productividad a través de la inversión. Teniendo en cuenta las experiencias de las cooperativas y las medidas recomendadas por la OIT, las siguientes intervenciones se encuentran entre las más importantes para las entidades de la ESS:

  • Diseñar un ecosistema de políticas específico para las entidades de la ESS. Esto implica reconocer que las cooperativas, las asociaciones, las mutuales y otras organizaciones fundadas en la solidaridad deben encuadrarse en nuevos marcos jurídicos que sean coherentes y estables y que les permitan funcionar de acuerdo con su gobernanza democrática, su finalidad social y sus formas propias de distribuir y reinvertir los excedentes.
  • Posibilitar la participación de las entidades de la economía social y solidaria en procesos de contratación y compras públicas. El acceso a los mercados públicos —mediante cupos, lotes reservados o criterios sociales en los procesos de contratación— constituye una forma eficaz de mejorar los ingresos, garantizar la estabilidad y potenciar las iniciativas locales. Para muchos grupos de trabajadorxs en empleo informal, acceder a la contratación pública marca la diferencia entre una supervivencia precaria y la sostenibilidad económica a largo plazo.
  • Repensar los regímenes fiscales. Si los Gobiernos reconocen la contribución social de las cooperativas, así como su capacidad financiera limitada, en especial en sus primeras etapas, pueden favorecerlas mediante regímenes fiscales flexibles y adaptados al contexto. Por el contrario, las cargas fiscales elevadas o la aplicación de normativas pensadas para grandes empresas privadas pueden constituir obstáculos directos para la formalización y la sostenibilidad a largo plazo de las entidades de la ESS.
  • Facilitar el acceso al crédito en condiciones apropiadas. Si las condiciones se adaptan a la realidad de los flujos de ingresos de lxs trabajadorxs, el acceso al crédito permite a las cooperativas invertir en herramientas, infraestructura y otros medios para incrementar su productividad, así como en la protección social de sus miembros. Este acceso se puede facilitar mediante mecanismos de crédito y financiación respaldados por el Estado y adaptados a las entidades de la ESS, así como a través de bancos públicos de desarrollo, bancos cooperativos e instituciones de financiación solidaria. De este modo, también se reduciría la dependencia de lxs trabajadorxs de fuentes de crédito informales que en muchos casos resultan abusivas.

En conjunto, estos elementos constituyen un contexto político favorable que considera la formalización no solo como un procedimiento puramente administrativo, sino también como un proceso progresivo, colectivo y basado en derechos. En un contexto de este tipo, la economía social y solidaria deja de ser marginal o residual y se consolida como un actor estratégico a la hora de promover el trabajo decente y propiciar una transición justa que permita a las personas salir de la economía informal.

¿Qué acciones están llevando a cabo los países para fomentar la formalización mediante la economía social y solidaria?

Si se dan las condiciones económicas, jurídicas e institucionales apropiadas, la economía social y solidaria se convierte en una plataforma para el progreso en al menos tres dimensiones centrales del trabajo decente.

Primero, y de vital importancia, se encuentra el acceso a la protección social, ya sea facilitando la afiliación a sistemas públicos existentes o mediante regímenes solidarios y mixtos que amplíen la cobertura a grupos excluidos de los programas estatales o basados en el mercado.

Por ejemplo, en Colombia, el Gobierno está preparando la publicación de un decreto nacional para crear un sistema de protección social específico para lxs recicladorxs, donde se incluyen las cooperativas que han formado. Este nuevo acceso a pensiones y atención sanitaria mejorará de manera considerable las vidas de lxs recicladorxs en Colombia. De los 20 millones de recicladorxs del mundo, 16 millones trabajan en empleo informal y no gozan de ninguno de los beneficios que tienen quienes trabajan en empleo formal.

La segunda dimensión se refiere a la representación y la participación. Las entidades de la ESS fortalecen la voz colectiva de lxs trabajadorxs y posibilitan su participación en instancias de diálogo social, en la gobernanza local y en espacios relevantes de formulación de políticas.

En Zambia, lxs comerciantes de mercado y lxs vendedorxs ambulantes que forman parte de cooperativas esperan poder acceder pronto a un régimen de pensiones por primera vez. A principios de 2026, la Cooperativa Sociedad Limitada de la Fundación de Micro y Pequeñxs Comerciantes de Zambia y la Asociación Nacional de Crédito para Mercaderes de Zambia firmaron un memorando de entendimiento con el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social para implementar una estrategia nacional destinada a ampliar la cobertura de la seguridad social a lxs trabajadorxs en empleo informal.

En tercer lugar, la economía social y solidaria permite mejorar los ingresos y las condiciones laborales gracias a la organización colectiva de la producción y a la mayor estabilidad económica que genera.

En Argentina, por ejemplo, las cooperativas han aumentado el poder de negociación de lxs trabajadorxs de la industria textil a través de la producción colectiva en centros de producción y de la venta directa a lxs consumidorxs.

Con el apoyo de los Gobiernos, países como Argentina, Brasil, Colombia, Sudáfrica e India están demostrando que las cooperativas pueden ofrecer una vía estructurada hacia el trabajo decente. Si los Gobiernos toman medidas estratégicas para establecer un contexto favorable, las cooperativas y otras entidades de la ESS pueden crear condiciones de trabajo más dignas y productivas para lxs trabajadorxs en empleo informal.

Este es el último artículo de blog de una serie publicada en el marco del Año Internacional de las Cooperativas de las Naciones Unidas, en la que WIEGO pone de relieve cómo las organizaciones de la economía social y solidaria apoyan a lxs trabajadorxs en empleo informal.