Las personas trabajadoras textiles más vulnerables no trabajan en fábricas: Las marcas mundiales deberían protegerlas

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Los titulares se concentran en los informes de marcas que cancelan pedidos y en el impacto sobre las personas que trabajan en fábricas en Asia. Pero existen otras personas trabajadoras en la parte inferior de la cadena de suministro textil que son incluso más vulnerables y a quienes se las olvida fácilmente. Las trabajadoras subcontratadas en domicilio (mujeres que cosen desde sus hogares para algunas de las principales marcas, a menudo a cambio de centavos) han quedado devastadas por la falta de salario y la pérdida de pagos por trabajos ya realizados. Dado que las marcas no se están haciendo responsables, quedan abandonadas a su propia suerte.

Dentro de la “fábrica mundial de camisetas” de India

En Tirupur, India, se encuentra la “fábrica mundial de camisetas”, con más de 200 marcas internacionales que producen allí sus camisetas, incluyendo Adidas, Marks & Spencer, Mothercare, Grays, Primark, Walmart, C&A, Levi’s y H&M. La población ocupada de Tirupur es de más de 40 000 trabajadores en domicilio, en su mayoría mujeres, cuyas tareas incluyen bordado, costura, impresiones serigráficas y apliques, inserción del lazo en los pantalones deportivos, corte de hilos sueltos, remoción de manchas y empaquetado.

Pequeños camiones entregan pilas de camisetas y pantalones deportivos a las trabajadoras y trabajadores en domicilio. Las fábricas también subcontratan pequeños talleres, que a su vez subcontratan a personas trabajadoras en domicilio para que realicen algunas partes de la producción. Las personas dueñas de estos talleres, que en su mayoría funcionan de manera informal, son vecinas de las trabajadoras y trabajadores en domicilio.

Sridevi, una trabajadora en domicilio que entrevisté hace dos años, explicó: el “contratista” viene dos o tres veces por semana “para dejar y retirar las prendas y también nos presiona para que hagamos el trabajo con rapidez”. Las fábricas proporcionan la tela, pero las personas trabajadoras en domicilio compran hilo, agujas y tijeras especiales para cortar el hilo, y quienes utilizan máquinas de coser deben pagar la electricidad: una gran cantidad de gastos generales a cambio de una baja remuneración.

Sridevi logra insertar el lazo y cortar los hilos de 100 pantalones deportivos por día. Le pagan 1,10 Rs (0,01 USD) por par, por lo que gana 110 Rs (1,43 USD) por día. Su alquiler, que incluye una habitación, una cocina y un baño compartido con otras tres familias, es de 1600 Rs (20,89 USD) por mes.

Ahora que esas ganancias se han detenido, Sridevi tiene que pagar sus gastos mensuales sin tener ningún ingreso.

Marcas que abandonan a las personas trabajadoras en domicilio

Según Social Awareness and Voluntary Education (SAVE), una organización que reúne a más de 4000 personas trabajadoras en domicilio de Tirupur, a muchas de estas no se les ha pagado por productos que ya fabricaron y entregaron a las fábricas.

Al igual que en Bangladesh, el trabajo en Tirupur se ha ralentizado desde enero a raíz de la COVID-19, debido a la falta de materias primas que llegan desde China. Con el aislamiento obligatorio impuesto en India desde el 24 de marzo, el trabajo ha cesado y las trabajadoras y trabajadores en domicilio quedaron sin ningún ingreso. Se ordenó que las fábricas en el estado indio de Tamil Nadu, donde se encuentra Tirupur, permanecieran cerradas hasta mediados de abril, y ahora esa orden de aislamiento social obligatorio se ha extendido.

H&M asume un compromiso importante

H&M es una de las pocas marcas que se ha comprometido públicamente a cumplir con los pedidos existentes. Esto debería ser una buena noticia para algunas personas trabajadoras en domicilio, ya que estas supuestamente están amparadas por el Acuerdo Marco Global entre H&M y el sindicato mundial del sector, IndustriALL, destinado a regular las relaciones industriales de H&M en sus cadenas mundiales de suministro.

Desafortunadamente, el acuerdo no requiere que H&M obligue a sus proveedores y subcontratistas a revelar los detalles de sus acuerdos de subcontratación, incluyendo aquellos con personas trabajadoras en domicilio. Ante la ausencia de cláusulass de divulgación y procedimientos de reclamos para que las organizaciones de trabajo en domicilio presenten una queja, y ante la ausencia de representantes de las personas trabajadoras en domicilio en los comités de monitoreo, estos compromisos no tienen forma de llegar a Rajeshwari, Sridevi y sus compañeras y compañeros de trabajo.

Un fenómeno mundial

India

El trabajo en domicilio es una práctica generalizada en India. Se calcula que cinco millones de trabajadoras y trabajadores en domicilio se dedican a la producción de prendas para cadenas de suministro del sector textil. Una encuesta reciente que abarca a 340 fábricas textiles en Delhi y Bangalore mostró que el 58 por ciento de las fábricas encuestadas subcontratan a personas trabajadoras en domicilio.  

De hecho, el trabajo en domicilio es predominante en muchos países asiáticos, entre los que se incluyen Nepal, Bangladesh, Pakistán, Camboya y Tailandia. Incluso dentro de la Unión Europea, existen trabajadoras y trabajadores en domicilio para diversas industrias, como la industria textil y de calzado.

Las personas trabajadoras en domicilio de Bulgaria se defienden

En Bulgaria, Katerina[1], que vive y trabaja en Petrich, una ciudad cercana a la frontera con Grecia, es contratada por una fábrica (o taller) local para trabajar desde su casa. Cose a mano tacones y la parte superior de los zapatos de cuero para hombres. Otras trabajadoras y trabajadores en domicilio de Petrich empaquetan calcetines, hacen bordados o cosen botones y prendas.

Las fábricas entregan las materias primas en los hogares de las personas trabajadoras en domicilio y retiran los productos terminados. Katerina y sus vecinas saben que estos zapatos están destinados a Italia e incluso conocen el nombre de las marcas. A Katerina le lleva una hora terminar un par de zapatos, y le pagan 2 BGN (1,11 USD) por par. Trata de completar diez pares de zapatos al día, por los cuales recibe un poco más de diez dólares a cambio de una agotadora jornada de diez horas de trabajo.

En promedio, las trabajadoras y trabajadores en domicilio en Bulgaria ganan un tercio del salario mínimo nacional de 510 BGN (283 USD) por mes. A raíz de la COVID-19, también se quedaron sin trabajo.

En 2009, Bulgaria ratificó el Convenio 177 de la OIT sobre el trabajo a domicilio, que establece que a las personas trabajadoras en domicilio se las debe tratar en igualdad de condiciones que a otras empleadas y empleados. Sin embargo, a pesar de un Acuerdo nacional tripartito (del cual la Asociación búlgara de trabajadores en domicilio fue signataria), el Código de Trabajo de Bulgaria sigue sin incluir a estas personas trabajadoras.

En agosto de 2018, cuando fracasaron los diálogos con el Ministerio de Trabajo y Política Social, el Sindicato de trabajadores independientes y en empleo informal (UNITY) presentó un informe a la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones (CEACR) de la OIT sobre el fracaso de su gobierno para implementar el Convenio 177. Aunque el gobierno ha respondido a algunos de los pedidos de la CEACR, el Código de Trabajo no se ha enmendado. Por consiguiente, las trabajadoras y trabajadores en domicilio quedan excluidos del sistema de seguridad social y del apoyo ante la COVID-19 por parte del gobierno búlgaro para empleadas y empleados de empresas.

Del mismo modo, el sistema de seguridad social de India contempla que se pague el 70 % del salario durante las licencias por enfermedad a las personas empleadas, pero no así a las trabajadoras en domicilio. Estas tampoco se benefician de otras transferencias de dinero en efectivo en el contexto de la COVID-19. Según HomeNet del Sur de Asia (HNSA), una red regional de personas trabajadoras en domicilio con miembros en ocho países del sur de Asia, el rango de rescates económicos por la COVID-19 propuestos por los gobiernos de India y Pakistán (que se encuentran más avanzados que otros gobiernos de la región) no han incluido a las 38 millones de personas trabajadoras subcontratadas en domicilio en India y Pakistán.

La Guía de Debida Diligencia de la OCDE para cadenas de suministro responsables en el sector textil y de calzado

La falta de reconocimiento legal por parte de los gobiernos del trabajo en domicilio como empleo encubierto es lo que provoca que las personas trabajadoras en domicilio no puedan acceder a la seguridad social o a los paquetes de ayuda ante la COVID-19 brindados a las empresas y a sus empleadas y empleados. Las historias de personas trabajadoras en domicilio que salen de sus hogares para pedir comida (a riesgo de exponerse tanto a la infección como a la violencia policial) o que se arriesgan a morir de hambre son el cruel resultado de su exclusión legal.

Más allá de los gobiernos, las marcas siguen siendo responsables

Sin embargo, el fracaso de los gobiernos no exime a las marcas y a los minoristas de su responsabilidad. Las Conclusiones de la Conferencia Internacional del Trabajo de 2016 reconocieron a las personas trabajadoras en domicilio como trabajadoras legítimas en las cadenas globales de suministro. Muchas marcas han adoptado políticas para personas trabajadoras en domicilio, y la Guía de Debida Diligencia de la OCDE para Cadenas de Suministro Responsables en el sector de la Confección y el Calzado (“La Guía”) tiene un módulo sobre trabajo en domicilio. Cuarenta y ocho países son signatarios de los instrumentos de la OCDE.

Ciertamente, la Guía establece que las marcas pueden elegir si autorizan o no a sus proveedores a contratar personas trabajadoras en domicilio. El módulo sobre trabajo en domicilio describe cómo las marcas pueden cumplir con los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, si es que autorizan el trabajo en domicilio. Para muchas marcas, es conveniente no autorizar el trabajo en domicilio o hacer la vista gorda.

Existe suficiente documentación que prueba que la práctica de los proveedores de subcontratar a personas trabajadoras en domicilio para realizar parte de la producción es un resultado directo de las prácticas de compra de las marcas y los minoristas: sus plazos ajustados, la fluctuación de la demanda y la presión para reducir los costos de producción. Una encuesta de la OIT a 1454 proveedores de empresas multinacionales (EMN) de 87 países demuestra que las EMN continuamente presionan a los proveedores para que reduzcan sus precios. Hasta el 52 % de los proveedores encuestados firman contratos para producir bienes a pérdida. La razón principal por la que lo hacen es para asegurarse futuros pedidos.

Exigir horas extras no remuneradas, mantener salarios bajos y subcontratar a personas trabajadoras en domicilio son algunas de las principales tácticas de los proveedores para mantener los costos bajos. Los proveedores también subcontratan partes de la producción, como el bordado, que implican demasiada mano de obra para las fábricas y requieren habilidades especiales.

Por qué el trabajo en domicilio es importante para las mujeres y se lo debería apoyar

Las personas trabajadoras en domicilio plantean argumentos importantes sobre por qué las marcas y los minoristas deberían apoyar el trabajo en domicilio, en lugar de prohibirlo. En primer lugar, argumentan que las fábricas no contratan a personas mayores. Por ejemplo, las fábricas tailandesas no contratan a personas mayores de 40 años, y las fábricas indonesias han obligado a las personas mayores de 50 años a renunciarLa mayoría de las personas trabajadoras en domicilio de Bulgaria tienen más de 40 años.

En una entrevista con un experto en relaciones laborales en Bangalore, India se sugiere que la intensidad del trabajo en las fábricas de exportación lleva a que a los 40 años los cuerpos de las trabajadoras y trabajadores estén agotados.

Un experto local en relaciones laborales en Bangalore dijo que las personas trabajadoras textiles a menudo le decían:

“Somos como la caña de azúcar para ellos [los dueños de las fábricas]. Una vez que exprimen todo el líquido, nos desechan”. Añadió que, debido al intenso ritmo del trabajo, muy pocas personas trabajadoras lograban seguir trabajando después de los 40 años.

Por lo tanto, al prohibir el trabajo en domicilio se excluiría del mercado laboral a hombres y mujeres mayores de 40 años. En segundo lugar, las mujeres trabajadoras en domicilio argumentan que necesitan trabajar desde sus hogares para cumplir con sus responsabilidades domésticas y reproductivas: cocinar, limpiar, recolectar agua y combustible, como también cuidar a sus hijos, nietos y familiares enfermos o discapacitados. En tercer lugar, el trabajo en domicilio permite a las mujeres cuyo contexto cultural y religioso les impide trabajar fuera del hogar poder participar en el mercado laboral. Finalmente, el trabajo en domicilio hace que las mujeres que viven en pueblos fuera de las ciudades puedan acceder al trabajo, ya que los intermediarios les llevan las materias primas y retiran los productos terminados. Para muchas de ellas, viajar es inaccesible e irrealizable de forma diaria.

La Guía enfatiza que formalizar el trabajo en domicilio no debe equipararse con hacer que las trabajadoras y trabajadores en domicilio se registren y/o dejen sus hogares para mudarse a los centros. Más bien, considera que las marcas tienen la responsabilidad de garantizar la formalización de las personas trabajadoras en domicilio mediante el pedido de contratos por escrito a sus proveedores y la provisión de seguridad social.

De hecho, la Guía exhorta a las marcas a incluir disposiciones en sus acuerdos que exijan que proveedores, intermediarios o compradores lleven un registro de las personas trabajadoras en domicilio. Este debería incluir: la cantidad de bienes que estas personas producen y cuánto se les paga; cuánto tiempo lleva hacer estos artículos para garantizar que la suma de las tarifas por pieza llegue al salario mínimo; y cualquier contribución a la seguridad social. Establece que las marcas deben brindarles capacitación a los intermediarios y asociarse con organizaciones locales interesadas en formalizar el trabajo en domicilio. Asimismo, se las alienta a trabajar con el gobierno local o nacional para brindarles derechos a las personas trabajadoras en domicilio para que sean tratadas de la misma forma que otras personas trabajadoras, incluso en lo que respecta a la seguridad social.

Qué deben hacer las marcas

Muchas organizaciones, sindicatos y académicos están instando a las marcas a que desistan de invocar la fuerza mayor para evitar pagar los pedidos existentes, e incluso algunos argumentan que no existe justificación ética ni legal para que las marcas hagan esto. Y piden que después de la COVID-19 haya un cambio en las prácticas de contratación de las marcas y los minoristas.

En el Pliego de Reivindicaciones de HomeNet del Sur de Asia, sus miembros piden a los gobiernos que establezcan un Fondo de Recuperación para las personas trabajadoras en empleo informal, que incluya a las mujeres trabajadoras en domicilio. La alianza Asia Floor Wage Alliance les ha pedido a las marcas que realicen una contribución única de ayuda a la cadena de suministro “para mitigar el impacto perjudicial de la COVID-19 en los trabajadores de la cadena de suministro, la mayoría de los cuales son mujeres”.

Sudáfrica ha creado un Fondo de Solidaridad para la COVID-19. El presidente, el gabinete y alcaldes de los municipios se han comprometido a brindar un tercio de sus salarios a este fondo durante los próximos tres meses. Los CEO de las empresas que cotizan en bolsa están siguiendo su ejemplo.

Los cinco compradores principales en la industria de la moda son Zara, C&A, Walmart, H&M y Uniqlo. De acuerdo con un informe de investigación, “la riqueza neta de los CEO y las dueñas y dueños de [estos] cinco compradores globales [excede] el valor de todas las exportaciones textiles de la India, valuadas en 18 mil millones de dólares en 2016”.

Quienes somos testigos de los efectos devastadores sobre las personas trabajadoras industriales y en domicilio que quedan sin ningún ingreso les pedimos a estos CEO, junto con los CEO de Primark, Levi’s, Marks & Spencer y otras marcas, que muestren una solidaridad similar con las trabajadoras y trabajadores industriales y en domicilio de sus cadenas de suministro durante esta crisis.

Dichas acciones podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte para las personas trabajadoras industriales y en domicilio de las cadenas de suministro en la actualidad, como también ayudar a mejorar la visibilidad de las personas trabajadoras en domicilio a futuro.


[1] Se han cambiado los nombres.

FotoViboonsri Wongsangiym es una trabajadora en domicilio de Bangkok, Tailandia, que debe lidiar con las dificultades típicas de las personas trabajadoras en empleo informal, especialmente con la frecuencia irregular de los pedidos y con un ingreso inestable. Viboonsri es miembro de HomeNet Tailandia para poder acceder a más beneficios para las personas trabajadoras en empleo informal y enterarse de nuevas oportunidades laborales. Fotografía de Paula Bronstein/Getty Images Reportage.

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